¿Flores por amor... o por culpa?

Regalar flores cuando alguien está enojado no arregla lo que pasó, no borra lo que dijiste,
no cambia el error, pero puede abrir una puerta.


El problema no son las flores, el problema es cuando las usamos solo como botón de emergencia.


Las personas aprendemos patrones, y si cada vez que cometemos un error mandamos flores, el cerebro empieza a asociar: “Flores = hizo algo mal.”


Y entonces el detalle pierde espontaneidad, deja de sentirse como amor… y empieza a sentirse como compensación.


Los seres humanos funcionamos por asociación, creamos significados a partir de la repetición.
Si solo hay flores después de un conflicto, las flores se convierten en símbolo de culpa.
Pero si hay flores también en días normales, en días felices, en un martes cualquiera…
entonces se convierten en símbolo de presencia.


No se trata de no mandar flores cuando están enojados, se trata de no mandar flores solamente cuando están enojados.


Porque un detalle constante construye, un detalle consciente repara, pero un detalle condicionado… pierde fuerza.


Las flores no solucionan el problema, la conversación lo hace.


Las flores no sustituyen el perdón, la responsabilidad lo hace.


Pero cuando coherencia + acción van juntas… el mensaje cambia.


No es: “la regué”. Es: “me importas”.
Y si vas a mandar flores… que no sea solo cuando algo está mal.


Haz que también sean parte de los días buenos, de los martes normales, de los “pensé en ti”.
No esperes a que haya un problema para demostrar.
Haz del detalle un hábito, no un rescate.


Y si hoy estás pensando en alguien… no lo pienses tanto.
Agenda, envía y preséntate.

Elva Guajardo